Se miraron fijamente a los ojos. Ella luchaba por no llorar, él, mientras una lágrima le caía lentamente por su rostro dijo -Tengo que irme-.
Una racha de viento agitó los cabellos de la chica y el pelo cubrió prácticamente toda su cara, dejando los labios al descubierto. Cuando levantó el brazo para colocarse su larga melena, él le agarró, le llevó contra su pecho, a la altura del corazón y le dejó ahí durante unos segundos. La chica, sin separar el brazo de su pecho le dijo -No quiero que esto acabe aquí, te necesito-.
Otra tremenda racha de viento volvió a provocar que la chica intentara colocarse el cabello y en cuanto lo hizo, lo único que vio fue como una maravillosa etapa de su vida se alejaba lentamente hacia el horizonte. Intentó gritar, correr tras él, pero era incapaz de mover ni un solo músculo de su cuerpo. Se resistía a creer que algo que nació como un sueño, como una bella fantasía, iba a morir de esa manera.
La tarde era desapacible, a pesar de estar en primavera, casi en verano, el viento soplaba muy fuerte y el cielo se cubría de nubes rápidamente. Una fría brisa la erizaba el vello y se dio cuenta de que una lágrima se deslizaba lentamente por su rostro hasta llegar a su boca, momento en el que un gran estruendo provocó que la chica se sacudiese violentamente, era un trueno, en breve comenzaría a llover. Miró a un lado y a otro, parecía desorientada, extendió su brazo derecho hasta tocar la barandilla. Estaba fría y esto la hizo estremecerse. Oía el choque de las olas contra las rocas, el mar parecía embravecido y esto despertó su curiosidad pero cuando se disponía a mirar, alguien tocó su hombro por detrás, al notar el contacto se giró, entusiasmada, quizá esperando encontrar a la persona que había dejado una brecha muy honda en su corazón.
El mar acababa de dibujar una extraordinaria estampa en aquellos ojos que la miraban fijamente.


