Merece la pena una reflexión respecto al caso del suicidio conjunto de una mujer maltratada y su maltratador: un maltratador con una orden de alejamiento. Esa mujer tuvo unos minutos de conciencia de sí misma cuando le denunció. Consiguió incluso llegar a juicio, supongo que declarar en contra de su carcelero psicológico, pero aún así, continuaba conviviendo con él. Parece de locos, pero desgraciadamente es mucho más frecuente de lo que parece. Ese hombre fue capaz de arrastrar a su víctima hasta la muerte y probablemente ni siquiera tuvo que empujarla al vacío desde ese sexto piso, ella ya vivía en el vacío. Todo empezaría cuando él le dijo que no se pusiera ese pantalón tan ceñido, después cuando le aseguró que sus amigas no le convenían, que su familia le ponía en su contra, continuó haciéndole creer que una buena mujer, no bebe, no sale, no trabaja y se entrega en cuerpo y alma a su pareja, ella se diría a sí misma que estaba con un hombre maravilloso que la quería demasiado, que miraba por ella , que no le merecía y que podría perder a ese mirlo blanco en cualquier momento, así que iba poco a poco doblegándose, despojándose de su voluntad, de su personalidad de su dignidad, que seguramente ya había sido minada gracias a los comentarios de su amado: “dónde vas así vestida”, “esta comida es como para perros”, “no haces nada bien”…la primera bofetada y un sonoro crujido bajo sus pies, el vértigo y el miedo. Ahora ya estaba sola, sin amigas, sin nadie en quien apoyarse, incapaz de ver a dos palmos porque ha perdido la perspectiva, su único objetivo es agradar a ese hombre a costa de lo que sea, cree que debe purgar sus pecados de su anterior vida disoluta, y merece todo lo malo que le pase. Está perdida, si nadie interviene, está perdida. Lo peor de este caso es que denunció, dio ese paso tan difícil de dar cuando se vive en una situación así, y después de ese acto de valentía se volvió a quedar sola con su maltratador, en ese sexto piso a 20 metros del suelo y a kilómetros de la libertad.


