Buenos propósitos que no se olvidan durante el año
El año viejo va llegando a su fin y poco a poco se abre la puerta que conduce al nuevo. Si deseamos que nuestro nuevo año sea mejor, deberíamos reflexionar ineludiblemente sobre el año que queda atrás, hacer un balance del mismo y examinar más detenidamente el “debe” y el “haber” (lo que hemos conseguido y lo que no). Y parte de esa revisión es ser sinceros con nosotros mismos para darnos cuenta de qué no hicimos bien para aprender de ello y en el nuevo año hacerlo mejor.
Ningún suceso en nuestra vida nos llega por casualidad, sino que nos hablan sobre nuestro comportamiento y son posibilidades para aprender, para conocernos mejor y cambiar hacia lo positivo. Y si entre nuestro “debe” hay sucesos con los que hemos hecho daño a otros deberíamos arrepentirnos de corazón y purificarlos, es decir, arreglarlos en la medida de lo posible. Así nos preparamos de cara al nuevo año, y de lo aprendido seremos capaces de confrontar positivamente las situaciones para no volver a hacer más lo mismo o algo parecido.
El final de cada año es el momento de los buenos propósitos. Pero ¿cómo conseguimos no perderlos de vista durante el camino para seguir siendo los mismos de antes? Hagámonos conscientes de que a nuestro lado tenemos a un gran y maravilloso ayudante, a Aquel a quien cada año por navidad celebramos Su cumpleaños, Jesús, el Cristo, quien nos puede ayudar si nos dirigimos a Él para ver qué debemos reconocer y cambiar “en nuestros programas de comportamiento” para el año nuevo.
Hagamos la prueba y pidámosle ayuda sí queremos aprovechar los días, las semanas, los meses del nuevo año. Entonces sería conveniente atreverse a autocuestionar nuestra forma de pensar y de comportarnos: ¿Qué debemos pensar ahora, cómo debemos comportarnos? Jesús de Nazaret nos dejó la clave: «Lo que quieras que otros te hagan a ti, hazlo tú primero a ellos». Si obrásemos en consecuencia, cada pensamiento sería un rayo de sol, que traspasa con su luz los hechos y las obras, y de esa forma haría felices a los hombres y a los animales, a todo el medio ambiente. Entonces el hombre, los animales y la madre Tierra estarían en unidad, y en la Tierra habría paz.
Radio Santec
Mª José Navarro
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