VEN A SENTARTE A MI LADO, MUJER
Queridísima Conchi, esta carta que te escribo sale de mi corazón, y desde aquí, te invito a que te sientes conmigo a mi lado aquí, en el banco delante de nuestra casa, tenemos derecho a ello, casi va hacer treinta y cuatro años que estamos juntos.
Ya que esta tarde, en este paraje tan romántico hace bueno, y puesto que es el atardecer de nuestra vida, nos hemos merecido un pequeño momento de descanso y reflexión.
Nuestras hijas van a su aire, y se marchan por ahí, y se casarán, o harán lo que quieran, y poco o nada quieren saber de nosotros, y de nuevo estamos los dos solos, como cuando comenzamos.
¿Te acuerdas, Conchi?. No teníamos nada al empezar. Todo estaba por hacer, pero nos pusimos a ello, aunque fue muy duro. Hace falta valor y perseverancia para meternos en tanto jaleo: el piso, el coche, los estudios de las hijas, las hipotecas, etc. etc.
¿Dije hace falta valor?. Pues no. Hace falta amor. El amor no es lo que se cree cuando se comienza. Hoy la palabra amor, ya no significa ese beso combinado con una mirada profunda y silenciosa, ahora, esta palabra es sinónimo de convivencia o de falso respeto hacia el otro. El amor no es solamente esos besos que se intercambian, esas palabras que se dicen al oído, el sexo, y el estar apretados el uno junto al otro, no. Hoy día, parece que ya no hay novios ni esposos, a esto ahora lo llaman “pareja”. No piensan que el tiempo y la vida es largo y el día de la boda solamente es uno. Sí un solo día.
Bueno, lo nuestro comenzó mas tarde,... ¿te acuerdas?. Fue solamente después cuando comenzó los ajetreos de nuestras vidas. Haces y se deshace; vuelves hacer, y se vuelve a deshacer.
Las niñas llegaron; hay que alimentarlas, vestirlas, educarlas,... nunca se termina. Cuando caían enfermas, o se accidentaban, tú, a aparte de la escuela, permanecías en vela toda la noche, yo trabajaba desde la mañana hasta el atardecer.
A veces uno se desespera; y los años se suceden, pasan, y no se avanza; es más, parece que se retrocede. Mujer, ¿no te acuerdas?. Todas esas preocupaciones, desvelos y desasosiegos que teníamos... pero tú, estuviste allí solucionándolo, con tu valentía, tesón y cariño de madre y esposa. Somos fieles uno con el otro, y por eso yo me he podido apoyar en ti, y tú te has apoyado en mí. Hemos tenido suerte de conocernos y de estar juntos. Los dos nos pusimos a la dura tarea, y hemos resistido.
El verdadero amor no es lo que se cree. El verdadero amor no es para un día,... es para toda la vida. Es ayudarse, comprenderse y comprometerse, y ver que aunque despacio todo se soluciona.
Las niñas han crecido.... para bien. Se les ha dado ejemplo, luego depende de ellas. Por nuestra parte, hemos consolidado los cimientos de la casa y de la familia.
Por eso, siéntate a mi lado y contempla serena, plácida y sosegada este maravilloso momento, porque ha llegado el tiempo de la recolección, de la cosecha.
Cuando todo es hermoso –como esta tarde-, y un polvo rosita sube de entre estos árboles, es maravilloso estar juntos en esta situación. Ante este silencio maravilloso y mágico, te invito a que te sientes a mi lado Conchi; los dos callaremos. No tenemos necesidad de hablarnos, los dos nos conocemos bien.
Lo único que debemos hacer es seguir estando unidos en el amor, y la de dejar que caiga la noche con el gozo de haber realizado nuestra labor, y nuestro trabajo bien hecho.
Recibe un suave beso de puro amor de tu querido esposo.
JOSE MARIA


