La decisión sobre la prolongación o el cese del funcionamiento de la central nuclear de Santa María de Garoña cada día está más cerca. Antes del 5 julio, sabremos qué ha decidido el Ministerio de Industria sobre su futuro. El periodo de funcionamiento de una central nuclear no tiene un plazo fijo establecido.
Pese a lo se pueda creer, las centrales nucleares españolas no tienen fecha de caducidad. Las Autorizaciones de Explotación se renuevan periódicamente tras la evaluación del organismo regulador, el Consejo de Seguridad Nuclear, y la aprobación del Ministerio de Industria. Si una central funciona correctamente, es competitiva, rentable y cumple con todas las garantías de seguridad, es viable, tenga veinte, cuarenta o sesenta años. Esto mismo podría aplicarse a Garoña, una central que comenzó a operar en marzo de 1971 y cuya producción en los últimos diez años se sitúa entre un 7% y un 9% por encima de la media mundial.
Según las expectativas de producción de la central, Garoña, en los próximos diez años producirá 28.000 millones de kWh. Imaginaos, en esos diez años se evitaría la emisión de 25 millones de toneladas de CO2, algo que nos agradecería nuestro planeta y que además supone un ahorro de 550 millones de euros en derechos de emisión. Otro dato: ahorraríamos 1.600 millones de euros en energía de sustitución como puede ser el gas. Todo esto sin mencionar la estabilidad laboral, económica y social de unas 600 personas que de forma directa trabajan día tras día para que Garoña siga siendo una de las mejores centrales nucleares del mundo.
La decisión de prolongar la vida de las centrales, que tan novedosa nos parece, es algo cotidiano en otros países. Estados Unidos ya ha dado el visto bueno a que 52 de sus 105 reactores operen más de 60 años, reactores con las características similares al de Burgos, por cierto. En Suiza, el Organismo Federal de Seguridad Nacional ha autorizado a dos de sus centrales operar por tiempo indefinido; y en Francia se conceden licencias sin plazo límite de operación, realizando una amplia revisión a sus reactores de más de 30 años. La exigencia del organismo regulador español hace que Santa María de Garoña se encuentre en las mejores condiciones técnicas y humanas para afrontar con garantías la operación segura y fiable de la planta a largo plazo.
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