Estaba yo el jueves pasado presenciando, distraídamente por cierto, la comparecencia de Zapatero en el Congreso, cuando de repente escuché algo que hizo que mi atención se alertara: El Presidente decía que “en marzo comenzará a crearse empleo de manera intensa”, debido a las medidas que el Gobierno ha tomado recientemente.
Inmediatamente mi apatía se disipó: ¡No solo se iba a crear empleo, sino que eso iba
a ocurrir de manera “intensa”!
Mi primera impresión de alegría ante ésta magnífica noticia, empezó a empañarse, cuando dentro de mí, esa voz escéptica y puñetera que me acompaña hace ya bastante tiempo (justo desde que me creo menos de la mitad de todo lo que nos cuentan nuestros políticos), empezó a runrunear: “No seas ingenua, también te dijeron hace muy poquito que de crisis nada de nada, y pasamos de la “no crisis” a la recesión en un suspiro. Hemos ido del “pleno empleo” que se nos prometió en marzo a una ascensión del paro, casi insoportable y bla, bla, bla.”
A éstas alturas del mosconeo de la voz, y puesto que estamos en Navidad época proclive a la ternura, a las buenas nuevas, al cariño fraterno y al optimismo, la he gritado bastante enfadada: “¡Basta, cenizo!, cállate de una vez, y no permitas nunca que la realidad te “chafe” una buena noticia.
Y continué arrobada escuchando los felices pronósticos que el Presidente nos servía, a modo de regalo de Navidad.


