Hace unos días nos dejó Don Claudio, un profesor excelente, y mejor persona, que nos enseñó a intentar superarnos a nosotros mismos.
Con él desaparece además una parte de nosotros mismos, pero siempre nos quedará el conocimiento que nos supo transmitir y, sobre todo, el afán por ser siempre mejores, tanto personal como intelectualmente.
Gracias a él conocí la poesía, que desde entonces no he dejado de leer, y su ejemplo de cómo debemos afrontar la vida a pesar de los obstáculos que encontremos en el camino.
Lo más admirable de todo no fue que dedicara parte de su vida a intentar mejorar la vida de los demás, tanto en la política como fuera de ella, ni la defensa de sus ideas, sobre todo del laicismo en las aulas. Lo realmente admirable fue el hecho de renunciar a proyectos mas “ambiciosos” para dedicarse a dar clases a un grupo de alumnos (a veces muy alborotados) en un colegio moribundo de un barrio entonces marginal de Valladolid (quiero creer que eso ha cambiado), el barrio donde vivió tantos años.
Nuestros ideales son diferentes, opinamos de distinta manera, como en varias ocasiones demostramos; pero coincido con usted al decir que “no importa a lo que te dediques, pero dedícate a ser siempre mejor persona”.
Hasta siempre Don Claudio.


