POR UNA PALABRA
A veces una palabra puede cambiar para siempre la vida de una persona.
Eso él lo sabía demasiado bien. Por eso por primera vez le importaba lo que le dijera su interlocutor cuando recibiera la llamada que llevaba esperando casi un día entero.
Había cometido un error; quizá fuera que se estaba haciendo viejo o que debido a la costumbre estaba bajando la guardia. El caso es que sentía cierto afecto por el cliente. No recordaba que esto le hubiera sucedido nunca y esperaba buenas noticias, esta vez no sólo por el dinero. Le caía bien el chaval.
- ¿Seré imbécil? -se preguntaba sin parar.
Por fin sonó el teléfono como tantas otras veces y sintió un escalofrío que no recordaba desde hacía muchos años. Después de los convenidos tres tonos descolgó y pudo escuchar justo lo que no quería:
- Cliente rechazado.
- Maldita sea, pensó en voz alta. Les dije que habíamos pedido demasiado.
Cogió su beretta px4 y con un ágil movimiento disparó medio cargador sobre la cabeza del cliente que cayó maniatado sobre el suelo desde la silla en la que había permanecido sentado casi veinticuatro horas.
A la vez que el suelo se llenaba se sangre apuraba el cigarrillo hasta el filtro y sentía que a medida que le entraba el humo en los pulmones el escalofrío se le escapaba de las entrañas.


