Todos conocemos que la estrategia política del PNV siempre ha consistido en poner una vela a Dios y otra al diablo, pero no deja de “chirriarnos” cuando ésta táctica se escenifica de forma tan palpable como en la manifestación que tuvo lugar el sábado 17 en San Sebastián para protestar por la detención de Otegui y algunos otros “compañeros mártires”.
Aunque es sabido que, según la teoría del ínclito Arzallus, ellos aprovechan a “recoger las nueces” que caen del árbol agitado por el terrorismo, ver a dirigentes del PNV caminar codo con codo, con simpatizantes de la banda que gritaban vivas a ETA, a la kale borroca, y a la lucha armada como herramienta para conseguir la independencia, resultaba duramente esclarecedor. Ningún partido puede participar en este tipo de manifestaciones ensalzando la violencia, y pretender que sigamos considerándole democrático. La equidistancia en esto no puede existir.
Habría que recordarle al Sr. Urkullu, que ha expresado que fueron a la manifestación “para defender el derecho de todas las personas a la libertad de expresión”, que los detenidos lo han sido por desarrollar estrategias cercanas a ETA, no por sus ideas.
Después de “encender esta vela”, el PNV, encenderá otra votando los presupuestos del PSOE, quien por cierto recibirá sus votos sin ningún empacho. La política tiene estas cosas, aunque los políticos no pueden pretender que los ciudadanos veamos estas maniobras con naturalidad.


