Falleció este pasado sábado día 29, en el hospital de San Telmo en Palencia, a la edad de 79 años, tras una larga enfermedad, acompañada por su apenada familia, esposo Neptalí Espinosa Martín y de sus cuatro hijos.
Mis primos, sus hijos, me han contado, que esta, su última semana pasada con todos ellos, en el hospital de San Telmo, ha tenido una atención magnífica, por parte de todo el personal que la ha atendido allí directamente.
Era natural de la provincia de Zamora, pero, pasó su juventud en Velilla del Río Carrión, y luego al casarse con mi tío, fueron a vivir a Palencia, donde tuvo 6 hijos, tres chicos y tres chicas, de los que ahora solo quedan, los tres mayores y uno de los pequeños.
El más pequeño Javi, falleció hace unos años, por un accidente de tráfico, en Palencia, con 18 años. Y, otra niña Rosarito, falleció al mes de nacer, ellos dos, habían nacido en Velilla del Río Carrión.
Ahora, después de todo el sufrimiento que ha pasado por su larga enfermedad, se encuentra descansando al lado de sus dos hijos y padres, allá donde aún no sabemos, cómo se ha de pasar, pero qué, debe de ser un lugar lleno de paz, amor y felicidad celestial.
Cuando, en el mediodía de ayer domingo día 30, su hija pequeña Marixel, con una llamada telefónica me lo comunicó, no me lo podía creer. Pero, al parecer, según sus palabras, así fue.
Por la tarde, me he acercado a la sala 6, del Tanatorio de Palencia, para encontrarme con toda la familia y en esa sala, la he podido ver, a través de un cristal. Estaba dormida y aunque, después de un tiempo que no la veía, la he visto más delgada, pero, a la vez, me he dado cuenta, que en su rostro dormido, se la apreciaba una paz y una tranquilidad tan natural, que no parecía fuese ella allí, acompañada por tantas personas que la han ido a dar su último adiós y a dar el pésame a su familia, marido, hijos y hermano.
Hoy día 1 de diciembre, será ciertamente su último adiós al mundo real, donde ha vivido en concordancia con todas las personas que hemos podido compartido su entorno más cercano.
En estos momentos, ya goza de la paz y la serenidad, que muchos traspasaremos un día de estos.
Desde donde ahora se encuentra, velará por su esposo Neptalí y por toda la familia que ha quedado aquí, en este otro lado del mundo y qué un día, les podremos acompañar y sentir sus caricias y que ahora ya no las tenemos directamente con nosotros.
Y, aunque, hoy es un día demasiado triste, por su marcha, hacía otro mundo más tranquilo y sosegado, también, va a ser un buen recibimiento, que le van hacer, en ese más allá, que los que nos quedamos aquí, no tenemos conocimiento de él, porque, tan sólo, lo conocen y disfrutan, todas esas personas familiares, que se nos han ido marchando, a lo largo del tiempo.
Mí tía Araceli o Celi, como normalmente, siempre la he llamado, ha sido una persona muy cariñosa, con lo que he podido compartir sus horas más próximas y familiares, como me ha pasado a mí directamente. Era una persona, como esta tarde me decía su hijo pequeño Jesús Manuel, con un optimismo, que muchas otras gentes, han podido comprobar, por haber tenido esa especial suerte de conocerla muy de cerca, a parte, de ser o haber sido muy entrañable y afectuosa, con toda su familia en general.
También, ha sido muy religiosa, creyente y practicante, porque, han vivido muy directamente y con mucho fervor toda su fe, pertenecía a la Congregación Mariana, la Legión de María, de la cual eran muy devotos los dos. Tanto en la comunidad de Palencia, como también en Valencia, donde pasaban muchas temporadas, ya que allí residen, su hermano Maxi y su hijo mayor Agustín. Y, todos, han sentido con mucho fervor, su inesperada marcha hacía un mundo más tranquilo.
Mi más sentido pésame, para mí tío Talí, a mis prim@s, Maria Rita, Marixel, Agustín, y Jesús Manuel, y a su hermano Maxi. También, para todos los miembros de la familia, sus dos nueras, Isabel e Inmaculada, a sus niet@s Gemma y Fernando, Silvia e Irene, María Inmaculada y María Rita, y a sus consuegros por parte de sus hijos y a todos los familiares y amigos, que en este día tan señalado, la vamos a estar acompañando en esta última Misa, que se va a celebrar en su parroquia de siempre, en el barrio de Corea, de la capital palentina.
Un beso, con todo mi cariño, allá donde ahora te encuentras, disfrutando con otra alegría, esa nueva vida junto a todos tus seres queridos, que allí has podido reencontrarlos de nuevo. Disfruta de esa otra vida, con todo tú amor y cariño, al igual, que nos lo has dado a los que aquí esperamos un día, podernos reunir todos juntos y vivir de nuevo ese emocionante encuentro con todos los que nos iremos acercando poco a poco hacía vosotros, en la paz y la alegría de poder teneros un día a nuestro lado de nuevo, porque, allá en lo alto de ese firmamento, que desde aquí divisamos de un color azul claro. Y, que en sí, parece significar, esa paz interior, aunque al ser de un color cálido, también, se le puede considerar frío, pero, en la realidad personal y familiar, es el color del amor y la felicidad completa, la cual, ahora que tú estás allí, podrás compartir con tu entorno más inmediato y cercano.
A mí directamente, me gustaría saber algún día y poder comprender, cuál es realmente la existencia de ese nuevo mundo, que te ha llevado junto a tus hijos pequeños Rosarito y Javi, con tú padre, tú madre Sabina y tú cuñado Pancho, que ahora, estarás descansando junto a todos ellos y también, junto a mi papá Ciri, mi hermana Chelo, mi sobrino mayor Chebeto y su papá Jöel. Espero y deseo, hayas podido hablar con ellos y contarles algunas de las cosas que yo te he ido relatando en algunas ocasiones, de mis vivencias más directas, que la verdad, aunque no son muy agradables, ellos, en sí, te hayan podido dar las razones reales de lo que han podido ver y observar, desde ese otro lado, que os ha llevado en su interior, esa luz blanca y radiante, que os ha portado a su lado, a todos vosotr@s, parte de mi familia, que ya no os encontráis ahora mismo cerca de mí.
El escrito que te ha hecho María Rita, tú hija mayor, y que ha leído bañada en lágrimas por tú marcha tan inesperada de su lado, que también, ha tenido que subir tu hijo mayor Agustín, para poderlo leer los dos juntos y ayudarla a poderlo sobrellevar con algo más de ánimo, y ha sido tan sumamente emotivo, que sus lágrimas se han unido a la de todos los allí presentes, entre ellos tú familia directa, que allí estábamos, para acompañarte en tú último adiós, han hecho un hueco dentro de nuestros corazones y ha salido como algo natural, pues todo lo que ellos te han dicho, ha sido demasiado hermoso. Creo que te habrá gustado todo ello, por las cosas que te ha ido diciendo, desde su más íntimo ser interior, y aunque, no hemos podido ver tu cara de alegría, pero, sí hemos podido darte un último adiós en este mediodía tan significativo para toda tú gran familia.
Como desde allí arriba habrás podido comprobar, a pesar de haber venido este año con tanta antelación la época invernal, hoy ha sido una despedida muy especial, porque, no han llovido lágrimas transparentes de ese cielo, donde ahora vivirás, sino, que han caído unos delicados copos de nieve blanca, y ha sido el mejor acompañamiento que seguramente tú tía Celi, hubieses preferido.
Es la primera vez, que me atrevo a escribir algo sobre ti y dirigido a ti principalmente. Tú ya sabías, que de vez en cuando, suelo hacer algo así, aunque normalmente, suele ser en verso, pero hoy lunes día uno de diciembre, me ha salido de otra manera y pienso, que es algo que ahí muy dentro mío tenía, por eso te lo dedico desde este otro mundo que tú has vivido aquí con todos nosotras.
Os quiero pedir perdón a todos, por no haber podido estar a vuestro lado cuando más lo habéis necesitado, para quizás, poder haberos echado una mano en los momentos más especiales.
Pili Espinosa Millán
Palencia, lunes 1 de diciembre de 2008.


