Es de todos conocida la gran habilidad política de la que siempre ha hecho gala el candidato socialista a las elecciones del 20-N.
Es sin duda un hombre brillante, de gran capacidad de convicción, y quizá la única posibilidad del partido del Gobierno para intentar frenar la, según las encuestas, derrota que se les avecina en las próximas elecciones.
Desde luego solo él podría llevar adelante con esa hábil destreza, el proyecto y planificación de la pre-campaña socialista y que, básicamente, consiste en aparecer casi como alguien recién llegado y que posee la capacidad de cambiar las cosas y devolver a este país la esperanza de poder salir de la crisis que nos agobia.
Algo verdaderamente sorprendente, si tenemos en cuenta que Rubalcaba ha formado parte importantísima de este Gobierno, cuyas prácticas ahora parece no compartir. Incluso en un afán de separar claramente su faceta de candidato de la anterior de responsable del Ejecutivo, parece preferir que se le llame “ Alfredo”, cuando nos dice tranquilizadoramente, que: “sabe lo que hay que hacer”.
Sin duda “el libreto”, está bien escrito y mejor interpretado, pero no sé si será suficiente para hacernos olvidar una realidad tan cercana, como es que él era la mano derecha de ese futuro “supervisor de nubes”, al que ahora parece querer olvidar, por cierto, a mi parecer, con un leve toque de deslealtad.


