El Gitanillo de Cádiz
Mi nombre es el que queráis y el que más os guste, eso sí del género femenino; en definitiva que podría ser cualquiera de vosotras.
Para que os hagáis un poco idea de mi aspecto, os cuento que el cabello lo llevo cortado al estilo “Garçon”. Hace dos años me empezaron a salir canas, y tuve que decidirme entre dejar asomar mis canas o teñirme, opté por la segunda opción, por lo que tengo mechas rubio platino sobre una base de rubio oscuro. Soy menuda de estatura. Soy de constitución delgada, aunque por la edad se me han acumulado unos pocos centímetros en la cintura, que maldita la gracia que me hacen; son tan rebeldes que haga lo que haga mis michelines se niegan a abandonar el barco.
He probado de todo. A pasar hambre, a beber zumo de piña, o a comer filetitos a la plancha aderezados solamente con un chorito de limón; pero nada los centímetros extras se han posicionado de tal manera, que a veces me parece escuchar en mi interior, como si ellos me cantaran la canción de “No nos moverán” de Joan Baez.
Por ello y siguiendo la consigna de “Si no puedes vencerlos, ¡Únete a ellos!” como dijo en su tiempo el emperador romano Galerio apoyado por los co-emperadores Constantino y Licinio; he abandonado las dietas y ahora como lo que se me antoja. Una está ya en una edad que lo que debe de hacer es disfrutar y olvidarse de problemas superfluos; así que ahora cuando me parece escuchar la cancioncilla de “No nos moverán”, yo hago los coros y problema solucionado.
Visto sencilla, adecuando mi vestimenta, eso sí, a las circunstancias y situaciones que me toca vivir. Situaciones muy diferentes, dependiendo de adonde asisto y con quien me relaciono. Si voy a una entrevista de trabajo, cuya oferta es la de representar a una firma de productos farmacéuticos, con la obligada visita a farmacias de pueblos o de una gran ciudad, elijo ropa de ejecutiva; si voy a una entrevista, cuya oferta es la de repartir periódicos a horas en las que la mayoría de las personas duermen, entonces elijo el estilo deportivo e informal que el encuentro requiere. Nunca me ha fallado el sistema. Siempre me han contratado entre un montón de desempleadas. Es un proceso de adaptación que sigo a rajatabla, allá donde yo vaya y donde se me requiera.
Por cierto, que han sido muchos y muy diferentes los trabajos que yo he desempeñado en mi ya larga vida. No me importa confesar, que he realizado multitud de diferentes profesiones. Y que estas no fueron de “larga duración”, pero las cuales “no hay mal que por bien no venga”, por lo que me he sentido siempre avocada a cambiar de paradigmas constantemente. Esto último, lo de los paradigmas, no ha sido negativo, todo lo contrario; me han hecho llegar a ser una superviviente en este mundo donde los valores de la sociedad están un poco en entredicho sorprendiéndonos cada día más, y haciéndonos poner en tela de juicio , lo que es BUENO – O- MALO en la película de nuestras vidas.
Por ello, por todo eso, hacía dos días que yo había llegado de visita a mi ciudad natal Valladolid. Ya había visto a la mayoría de mi familia, pero hoy estaba citado con mi hermano mayor y su esposa. Habíamos quedado en encontrarnos al mediodía en la Plaza Mayor. El reloj del ayuntamiento dio la hora; eran exactamente las doce en punto del mediodía… Miré a la derecha y a la izquierda para comprobar si mi hermano también había llegado al lugar… Sonreí contenta; por la derecha de la Plaza Mayor les vi llegar, a mi hermano y a su esposa…Avanzaban tranquilamente a la vez que degustaban un helado… Yo, a través de los cristales ahumados de mis gafas de Sol, disfruté el momento como una niña, de la visión de la escena… Dos años había trascurrido desde nuestro último encuentro… Al momento comprobé también de soslayo, como avanzaba mi padre por el lado izquierdo, ¡eso sí que fue una sorpresa!... Mi querido padre caminaba ágil y contento hacia nosotros… Yo pensé en la suerte que tiene mi padre, de encontrarse tan bien de salud a sus ochenta años recién cumplidos; se le ve tan jovial y con una vitalidad increíble, y por suerte conserva una agilidad mental que ya desearía para mí, si es que alguna vez consigo alcanzar esa edad.
El momento del encuentro entre todos fue muy emotivo… Besos, abrazos, risas tontas, risas mezcladas con llantos de alegría… Realmente un completo desgaste emocional, que me dejó exhausta para el resto de mi visita.
Para pasar el buen trago y antes de ir a comer al restaurante, decidimos ir a tomar algo, como un refresco y unas tapitas a modo de aperitivo. Aprovechando que el tiempo era estupendo, lucía un sol espléndido, tomamos asiento en una terraza de las que hay en la Plaza Mayor… Nos acomodamos todos, en espera de que llegara el camarero a tomar nota… Yo estaba concentrada en mi familia, en sus gestos, en sus voces, en sus movimientos nerviosos por ese encuentro, pensé que nada ni nadie sería capaz de enturbiar o de desviar mi atención hacía otros temas, cosas o personas…
Pero de pronto me sucedió lo imprevisto… De pronto le vi…Joven, alto, delgado, con ese desarreglo en el vestir que arrebata a las mujeres, con la melena suelta de cabellos negro azabache, portando una mochila de color negro…:
Ascendiendo la luz del sol entre sus muslos,
asentándose
las sombras sobre su pelo
y le contemplé.
Idealizándole
sobre la arena de las playas
donde seguramente
se recuesta tranquilo y extremadamente hermoso .
Y le miré.
Absorta le miré,
sin saber si estaba despierta
o ese juego de su cuerpo era magia ensoñada,
y sentí
los fluidos de mi cuerpo incitantes a desparramarse sobre su piel de gitano.
Y le anhelé…
Y calladamente esperé a que se acercase,
sin apartar por un segundo mis ojos de sus hombros,
y fantaseé
abandonándome a sus encantos,
abrazándome a los deseos impuros,…
me contengo y callo.
Y te miro, y te anhelo…
Te acercas, me miras, te miro :
-Hola buenas días. – Exclamó él, a la vez que nos mostraba un par de gafas de sol-, ¡mira estas!- se dirigió a mi cuñada- te quedarían de mimo guapa.
- No necesito gafas nuevas, ya tengo unas, ¿No las ves?- replico mi cuñada.
- Te entiendo, las que llevas puestas son muy bonitas, y te quedan bastante bien. Pero tengo estas otras- sacó de la mochila un par de gafas que parecían de “marca”- ¡pruébatelas!
-Oye majo,- le dijo mi hermano al vendedor- no queremos ser descorteses contigo, que ya sabemos que te ganas la vida con esto, pero no estamos interesados en comprar gafas.
El vendedor se quedó por un segundo indeciso. Vaciló. Jugueteó con el par de gafas con los dedos. ..Noté que se iba a marchar… Pero de pronto le intuí como se relajaba… Con total desparpajo se dirigió a mí…Y me envaré… Yo me parapeté como nunca lo había hecho detrás de mis propias gafas de sol, sin quitarle por un segundo los ojos de encima. De pronto recordé a mi amiga Elisa , s la cual conozco de Internet, que siempre dice que no puede comprender la infidelidad , de cuerpo y pensamiento., vamos que no entiende como se puede llegar a ser infiel… En aquella conversación con mi amiga, yo llegué a ratificar todo lo que ella me argumentaba. Que desvergüenza la que tiene un momento de infidelidad, que no hay derecho a engañar a tu pareja. Que o se está o no se está con el compañero amoroso. Que hay que mantenerse firme con los principios de cada una.
Al carajo con las teorías de mi amiga que diga lo que quiera, esto era la praxis ¡yo estaba siendo infiel con el pensamiento! ¡Y con que ganas!
El vendedor ambulante de gafas de Sol se dirigió a mí, con la mirada primero, con el gesto correspondiente, y hasta mis oídos me llegó su voz insinuante, provocativa e incitante.
- Y a ti guapa, estas gafas te sentarían muy bien. Las que tú llevas están bien, pero no acentúan adecuadamente tus bonitas facciones. Adivino que solo te sirven para ocultar tras los cristales opacos tus bonitos ojos.
.
Yo no daba crédito a lo que había escuchado…Él estaba ligando conmigo…Descaradamente, de una manera insolente…Y me gustaba, me consideraba halagada como hacía tiempo no me había sentido. Por un instante estuve a punto de bajar mis gafas para dejar mis ojos al descubierto. Pero no lo hice. Me contuve, no se de donde saqué las fuerzas para dejar mis manos quietas, reposando sobre mis piernas. Luego supe que mi reacción fue mi protección, si lo hubiera hecho él se hubiera percatado que yo le estaba deseando
Miré a mi familia, se les veía desconcertados, no por lo que el vendedor insinuaba, sino seguramente por mi propia disposición a dejarme piropear por el desconocido. Pero yo no deseaba cambiar de opinión, - ¡Qué piense mi familia lo que quiera! ¡Hacía tiempo que esperaba un momento de disfrute como este!
Continué pensando rápidamente. De una manera atropellada me asaltaron cuestiones sobre la fidelidad, el perdón de una infidelidad, una infidelidad intangible. Eso, lo que yo estaba haciendo, era ser infiel con el pensamiento. ¿Desaparecerían por arte de magia el amor y el respeto hacia mi pareja? ¿Debería sentirme culpable por que me gustara el vendedor ambulante? ¿Por qué debía sentirme culpable por sufrir un ataque de deseo, un subidón de hormonas? ¿Si él no me ha prometido nada, ni yo a él tampoco?
Y de pronto recordé el poema espontáneo que me inventé en Internet para comentar el blog de Elisa :
Déjame que te imagine.
Tal como yo deseo.
Quiero permanecer ciega.
Disfrutarte tal como eres.
No me quites la venda.
O trataré inmediatamente de cambiarte.
No te quites la venda.
O tratarás inmediatamente de cambiarme.
No me preguntes mis secretos.
Y yo no te preguntaré los tuyos.
Permanezcamos ignorantes.
El uno del otro.
De ese modo nos seremos fieles,
Para siempre.
Y por fin despegué mis labios, que se habían mantenido aferrados el uno al otro, con un gesto reticente de ironía, con el rictus de una tímida y a la vez atrevida sonrisa.
- Gracias, eres muy amable, pero la verdad es que no me interesan unas gafas nuevas; estoy contenta con las mías. Pero, te voy a decir una cosa, te encuentro muy simpático, eres un tipo muy interesante…Por cierto en Internet tengo una página Web, ¿me permites que hable sobre ti?
Entonces el mostró sus dientes blancos como la espuma de las olas. Sus labios dibujaron una excitante sonrisa. Insolentemente se retiró sus propias gafas de Sol, para dejar al descubierto unos ojos negros inmensos y profundos…
- Sí, no tengo ningún inconveniente; pero tengo una petición habla de mí, muy bonito, desde el punto de vista de tus actuales sentimientos, y dí mi nombre.
- ¿Cuál es tu nombre?
- El Gitanillo de Cádiz, - me respondió sonriente y alegre.
- De acuerdo hablaré de ti y haré público tu nombre. Por cierto te deseo que todo te vaya muy bien en la vida.
- Gracias,- dijo ocultando de nuevo sus ojos tras los lentes oscuros, a la vez que inició su retirada del lugar.
Le seguí con la vista durante un par de minutos. Le contemplé alejarse. Y de pronto se giró, volvió a retirar sus gafas de su cara y me dirigió un mensaje con su mirada:
Continúa imaginándome,
Tal como tú me deseas.
No permanezcas ciega.
Disfrútame tal como me ves.
No importa que te quites la venda,
Se que no tratarás de cambiarme.
Disfruta de los pocos secretos que de mí conoces.
No ignores este deseo inesperado,
Tú y yo nos seremos fieles para siempre.
Te aseguro que con ello no hacemos daño a nadie.
Yo seré tu secreto.
Fin
11-Julio-2009
©B. M. P.
Mi agradecimiento a Maite, y Juan Luis, que gracias a un par de Blogs de ellos, me llegó la inspiración para escribir este relatillo.
Un abrazo para todos.


