El pasado 23 de abril, Día de Castilla y León, atravesando el pueblo de Villanubla (Valladolid) con un buen amigo camino de las montañas de León, recordé la amarga y razonable queja de la persona (a quien no tengo el gusto de conocer) que había puesto en pie el lugar conocido como La Fuente de los Ángeles. Se trata de un antiguo monasterio, enclavado en un paraje sorprendente a la salida del pueblo, cuya recuperación como negocio hostelero rescató una auténtica joya. Este hombre se lamentaba de la incomprensible construcción a sus puertas de un gran edificio. Efectivamente, la edificación de un motel, lo 'enterró y saboteó' literalmente.
Sarcásticamente, una gran valla con el nombre 'Venus', revela el destino del nuevo inmueble. Que prácticamente oculta lo que, entiendo era un 'ejemplo de libro', de cómo mantener hoy el patrimonio de ayer.
El día en las hermosas montañas leonesas fue perfecto. Eso sí, ensombrecido por el permanente ruido en el valle de algún quad, algo por desgracia frecuente en cualquier paraje de la Comunidad, y supongo que de otras. Y no sólo el ruido es motivo de preocupación, pues los daños que estos vehículos (motos, quad, 4x4...) hacen en el suelo, la vegetación, la fauna, los arroyos y ríachuelos que vadean, y si se me permite, el 'espíritu del lugar'..., son irreparables. Una legislación a mi juicio permisiva, les otorga 'de facto' un circuito infinito para correr, saltar, derrapar, erosionar... En definitiva, destruir.
Y, con una punzada de pesimismo, no pude evitar relacionar ambos sucesos, el innecesario maltrato al patrimonio histórico y artístico y el maltrato al patrimonio natural. ¿Es tan difícil progresar con un poquito de sentido común?


