El Partido Socialista se ha distinguido en estos últimos años por su apretadísima unión con su líder Zapatero. Al menos esa era la impresión que todos recibíamos desde fuera.
Incluso cuando el Presidente ha tenido alguna “ocurrencia” que al resto de la ciudadanía nos parecía más que discutible, ellos parecían tener una “venda” tan densa en los ojos, que defendían lo que el Presidente manifestaba a capa y espada y en todos los foros, ya fueran cercanos al Gobierno, medios de comunicación afines, e incluso, ya descendiendo a la vida normal, en la barra de un bar. Nada de lo que hacía Zapatero parecía discutido ni discutible.
Sin embargo últimamente, (y aunque ellos lo niegan en todos los tonos, Comité Federal incluído), se van apreciando fisuras en aquello que parecía un bloque indestructible. En la pequeña desbandada de algunos ex ministros, y en las declaraciones de varios “históricos”, ahora en el dique seco, se capta una cierta distancia con las tesis del Presidente, y un malestar por la forma excesivamente personalista con que éste afronta las decisiones relacionadas con la crisis.
Por otra parte, algunos titulares periodísticos, así como editoriales televisivos, (impensables hace unos meses), en los que se critica abiertamente la forma, que muchos consideran errática, de “patronear” nuestra difícil situación, nos hacen entrever que aquella “venda” tan tupida sobre los ojos de algunos, se va haciendo algo más transparente, y que la apretada piña, donde no cabía ni el más leve resquicio para la crítica, presenta algunas fisuras.
Por cierto que, en mi opinión, eso no es malo, ya que la crítica constructiva y bien dirigida debería ser la esencia de la democracia, y deberíamos huir de todo lo que huela a “adhesiones inquebrantables”, y a caudillismos, de los que ya hemos tenido bastante en el pasado.


