Aprovechando que durante el verano son muchos los oriundos de Antigüedad que visitan la tierra que los vio nacer, los 20 niños y las 18 niñas que nacieron en este pueblo en 1949, fueron convocados, el año en que cumplen los 60, a reunirse en el mes de agosto, para celebrar tal hecho. Muchos de ellos frecuentan el pueblo, algunos, incluso, viven en él, pero la mayoría residen fuera. El encuentro sirvió para que, tras reconocerse primero -lo que en algunos casos no resultó fácil- tuvieran la oportunidad de disfrutar con los recuerdos de sus vivencias de la infancia.
Así, todos, con sus correspondientes parejas, llegaron con alegría a los pies de su querida Virgen de Garón, en cuya ermita, engalanada para la ocasión, asistieron a la misa celebrada y en la que participaron activamente. Como prólogo al acto religioso, se leyó una hermosa poesía, dedicada a los presentes y recordando a los que no podían estar, especialmente a los fallecidos. También se dio cuenta de la relación de todos los “quintos” y “quintas” del 49, que se entregó a cada uno en un bello pergamino, junto con la citada poesía.
El coro parroquial, tan reconocido en toda la provincia, y del que en época navideña se escuchan con frecuencia los villancicos del disco que grabaron hace unos años, fue especialmente invitado a participar en la misa, impresionando a todos la calidad de sus interpretaciones, magnificadas por la presencia de la imágen de la Virgen y la excelente sonoridad de la ermita. El oficiante, emocionado, manifestaba a todos que “el no quería marcharse de allí”.
Terminada la misa, los quintos ofrecieron un aperitivo a los muchos antigüedeños que se acercaron a la ermita para acompañarles en tan emotivo acto, para, a continuación, celebrar un almuerzo de confraternidad, en el que, mientras daban buena cuenta de las magníficas viandas que se les ofrecían, surgían los recuerdos, se cruzaban conversaciones y se daba noticia a los demás del devenir de la vida de cada uno.
Por la tarde, recorrieron el pueblo, en cuadrilla, “tomando” en los distintos bares, recordando aquellos otros a los que entraban de chicos y que ya no existen, y hablando de tiempos pasados en que jugaban por sus calles, con aros, peonzas o cacharrillos y muñecas de trapo.
Con la alegría que el encuentro les produzco se convocaron para una próxima ocasión, eso sí, sin esperar otros 60 años.


