No son precisamente problemas lo que nos faltan en España, verbigracia: el doloroso azote del paro, nuestra economía que no logra remontar, la constante espada de Damocles del terrorismo, la gripe A que parece va tomando carta de naturaleza entre nosotros, los devastadores incendios, (casi todos provocados), la certeza de que los independentistas catalanes están “velando sus armas” para movilizarse y crear agitación social si la sentencia del Constitucional no les es propicia, etc, etc.
Pues bien, sería lógico pensar que nuestros políticos estarían deseando debatir sobre cualquiera de estos graves temas en el Parlamento tras el paréntesis veraniego, ¡pues no señor!. Gobierno y Oposición han vuelto a enzarzarse en sus estúpidas guerras partidistas: que si tu me espías, que si yo te escucho, que si tu eres corrupto, que si tú más.
Que si tu pones cortinas de humo para tapar la crisis, que si tu las pones para tapar tu corrupción, que si tu presionas a la Fiscalía, que si tu te inventas conspiraciones que no existen.
¡Ya está bien señores!, los elegimos y los pagamos para que intenten solucionar nuestros problemas, no para que se enreden en luchas partidistas que cada vez nos hastían más.


