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EDUNIA
Jueves, 15/04/2010 - 01:35 -

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EDUNIA

La conocí en un museo de arte de Minneapolis. Edunia no pasaría de ser una flor más, sino fuera por su condición de transgénica, un híbrido nacido de una petunia rosa a la que se inoculó el ADN de su creador, un tal Kac, artista que también vendía sus semillas.
En su presencia uno percibía toda la grandeza de su unicidad: no había una planta similar en toda la Naturaleza. Si uno se aproximaba lo suficiente podía distinguir la sangre fluyendo por las venas rojas que recorrían sus pétalos rosados. Era precisamente ahí, en ese aliento de vida, donde uno intuía la presencia del misterio, la huella indeleble del creador, y no podía evitar sentirse turbado. Era un desconcierto similar al que experimentamos al acercarnos a la jaula de los monos y comprobar que el otro está en nosotros, sensación ésta que se refleja a su vez en la extrañeza de su mirada.
Si el espectador persistía y se acercaba un poco más, no tardaba en sumergirse en la sensualidad de las formas voluptuosas de Edunia. Al instante sentía la necesidad de poseerla, de estar dentro de ella; lo cual era técnicamente imposible: aparte de la vitrina protectora, contenía un gen, una secuencia de su sistema inmunológico que su padre-artista había extraído de su propia sangre, responsable de reconocer y rechazar cuerpos extraños, evitando así su desfloración. Esta circunstancia, la de su virginidad casi religiosa, no impediría que en el futuro, gracias a las semillas, Edunia pudiera engendrar nuevas edunias, réplicas en las que seguiría presente el gen del tal Kac.
Y, sin embargo, Edunia no era feliz. Lo percibía en su mirada mustia, domesticada. Sin que nadie pudiera hablarle, languidecía bajo la luz mortecina de una sala en aquel museo de arte de Minneapolis. El -¿la?- plantanimal probablemente habría muerto si no hubiera sido porque un día la vitrina apareció vacía. Durante días, la Policía estuvo investigando la desaparición, y el padre de la criatura denunció al museo. Pasado un tiempo, el mundo entero se olvidó del enigma, y el tal Kac se centró en su nueva obra: Alba, una coneja verde fluorescente obtenida a partir de genes de medusa.
Poco más se ha de añadir. Mujer o planta, oxígeno o anhídrido carbónico; lo único cierto es que Edunia no necesita un cuidado excesivo: basta con un poco de agua y de luz, y que se le hable de vez en cuando.


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