Donde la muerte duerme,
En el lugar que no amanece,
Las personas en él poco importan,
Y ya no saben si salen o si entran.
En el temor que ya no temes,
El calor que ya no te enciende.
La esperanza no sale a la ventana,
La luz no clarea en la mañana.
La chica de los ojos tristes,
Su destino ya ha consumido.
Sin duda, el frío y la oscuridad,
Alumbrarán su penumbra.
Quien la vio y la respondió,
Quien la lloró y quien la tocó.
Sus besos en el rasgaron,
Lo que en el cielo estaba llorando.
¿Dónde estás eternidad?
Pues sólo hay sentido,
Si tú en ella has escrito.
¿Dónde estás? Que tiendes a congelar,
No duras, no perduras,
Descansa, ya perecerás.
Con las luces de la belleza,
Las llagas después en la piel,
Lo que tus ojos no reflejan,
Que el tiempo no vuelve,
Que el recuerdo no perece.
El color que coloreaba tu piel,
La rosa que en ti no se dejó ver,
¿Dónde habrás ido cariño?
Aún no creo que te haya perdido.
Una extraña silueta al fondo del pasillo,
¡corre hacia ella, corre!
Al menos podrás verla de nuevo, sentir su presencia,
Notarla respirar, acariciar sus manos sin pensar,
Que ya no volverá a desaparecer más.
Ahora podrás cerrar los ojos,
Y sin volver a divagar,
Sabes que ella está ahí,
Recuerda lo que olvidaste mencionar,
Un “te quiero”, que sin pensar la tierra se lo llevó sin más,
Un “te necesito”, que de tu boca no quiso resbalar,
Pero ahora darías tu vida entera por mencionar.
Sólo polvo, sólo nube,
Nube, que tuviste toda a tragar
Y sus huellas ya no construyen,
El flujo de su sangre,
Por sus muñecas ya pasar.


