Campo de Toro
Tiene Villalba un alcor que te asoma a Montealegre, al pasado de su historia, a la familia Meneses, a la reina Berenguela y al conde de Benavente.
Y subir a un torreón a reconstruir la muralla, y contemplar el horizonte sin adivinar Matallana y sentirse “Pajarero” de Torozos.
Pajarero de los campos, campos de la tierra llana que aun guardáis en las entrañas restos de mil batallas, cargas de caballería, refriegas de alabarderos y quebrantos de humildes labriegos que tuvieron la osadía de sentirse comuneros.
Comuneros de Castilla que buscasteis en Torozos plaza fuerte y escogisteis en abril hacia poniente recorrer el cenagal del Campo Toro. La caliza que en los tesos te sujeta en la vega con el agua te atenaza, el cobijo de robledos y quejigos el abrigo de Torozos ya perdido y a esperar en Villalar la arremetida.
La batalla, no querida, fue un paseo que las tropas imperiales remataron, el Fadríque y el Fernandez Condestable no quisieron exponer sus privilegios.
Y enfangados por el barro hasta los huesos, con la lluvia y sin cebar las cazoletas, con las picas apoyadas en las cepas, a esperar junto al Hornija en los viñedos, la brutal acometida del caballo.
“Y morir con dignidad en Villalar, fue el gran precio de sentirse comunero”


