¡SIEMPRE FUE DURA CASTILLA!
Fue por el dieciséis, cuando en los pueblos de Campos se levantaron iglesias, se sofocaron revueltas, se desmocharon almenas, se blasonaron casonas, se engordaron los conventos y se le puso caro el sustento al sufrido labrador…
Y al paso de caballerías, un sinfín de personajes recorrían alquerías por caminos polvorientos.
Y se llegaron a Urueña un grupo menor de cuatro de unos frailes mendicantes que salieron del convento al oficio de pedir.
Encontraron que aquí andaba también por aquellos días, un mendigo de los de antes, de esos de puerta en puerta, de capa en invierno y verano, gran garrote por callado, zurrón y polainas de cuero, barba arreglada en barbero, y porte de caballero…
A este le seguía un perro, de pelaje tupido y grueso, de cabeza fuerte y moderada,
carlanca claveteada, grande era su envergadura, potente su musculatura, con ojos color avellana de inteligente mirada, noble su aspecto y no fiero, de aquellos de pura raza de los montes de León.
El mendigo repetía casi como letanía:
“Despoblada mi granja de Villafalfón,
por el monasterio de La Espina.”
( Y seguían mil improperios…)
Sacrílego era su predicamento, por sus temibles aspavientos hasta el cura le evitaba.
Aprovechando su parentesco con el Almirante de Medina, el abad trajo gente armada de Rioseco,
derribó las casas y expulsó a los campesinos que las habitaban,
el monasterio quería aprovechar en exclusiva los extensos pastos de Villafalfón.
Ocurrió en 1536.


